domingo, 1 de junio de 2008

Lucía Etxebarría



Guardad esto en vuestro corazón: Quien carece de raíz carece también de fruto.
El libro de la vida fue revelado dentro del corazón, éste que se incribe en la mente del Todo y que ha quedado dentro de su incomprensibilidad desde antes de la fundación de la totalidad.
Su sabiduría medita sobre el Logos, su enseñanza lo expresó, su conocimiento lo reveló, su dignidad lo coronó, su alegría lo regocijó, su gloria lo exaltó, su apariencia lo manifestó, su reposo lo recibió, su amor lo encarnó, su fe lo abrazó.
Es sendero para los desviados, fe para los descreidos, descubrimiento para los buscadores, alivio para los aflijidos y pureza inmaculada para los contaminados.
Sostiene a quien tropieza, alimenta al hambriento, restaura a los enfermos, repone a los cansados, consuela a los dolientes, levanta a los caídos, convence a los escépticos, despierta a los dormidos.
Ésta es la perfección en su pensamiento y éstos son los logoi de su meditación. Cada uno de vosotros es producto de su voluntad unitaria, en la revelación de su significado.
Hablad desde vuestros corazones, porque en ellos reside Su Palabra y dentro de vosotros mora esta luz eterna que no contiene sombra.
Hablad desde vuestros corazones, porque en ellos reside Su Palabra.

Sinuhé el egipcio.



Pero yo decía a la gente:
-Es posible que la injusticia haya ganado al derecho en estos días en que muchos inocentes han pagado por los culpables, pero, a pesar de todo, Amón es el dios de las tinieblas y del miedo y domina a los hombres a causa de su ignorancia. Atón es el único dios, porque vive en cada uno de nosotros y fuera de nosotros y no hay otros dioses. Luchad, pues, por Atón, esclavos y pobres, y si Amón se lleva la victoria conoceréis la servidumbre y la muerte. Luchad por el faraón Akhenatón, porque no existe en el mundo un hombre como él y el dios habla por su boca, y no ha habido nunca, ni nunca volverá a presentarse, una ocasión como ésta de renovar el universo.
Pero los esclavos y los faquines se reían ruidosamente y decían:
-Cesa ya de decir tonterías sobre Atón, Sinuhé, porque todos los dioses se valen y todos los faraones son iguales. Pero eres un buen hombre, aunque un poco cándido, y has vendado nuestras manos aplastadas y sanado nuestras llagas sin pedirnos nada. Arroja, pues, a lo lejos esta maza que ya no tienes fuerza para manejar, porque no estás hecho para pelear, y los "cuernos" te matarán si te ven con esta maza. En cuanto a nosotros, poca importancia tiene que muramos; porque hemos mojado nuestras manos en la sangre y vivido bellas jornadas durmiendo bajo los baldaquinos y bebiendo en copas de oro. Nuestra hora ha terminado y vamos a morir con las armas en la mano, porque después de haber saboreado la libertad no queremos volver a caer en la esclavitud.